domingo, 2 de enero de 2011

En el término medio está la virtud

¡No hay quien pueda con estos sherpas! Domingo padece la plaga del insomnio (la de los Buendía, los de Macondo) y no se queda en la cama más de lo necesario. Ete, sin embargo, es un dormilón de tomo y lomo. Y yo, en medio (con la virtud). Así que cada uno salió a su hora, y todos tan contentos, que para eso están los móviles y no hay nada más fácil que quedar dentro de un rato en el tercer pino empezando por la derecha.

Daban sol, que lo oí (¿se sigue poniendo tilde?) por la radio.


Pero sería en Burkina Faso o por ahí, supongo.


Un sherpa estaba en el bosque desde hace ni se sabe, otro desperezándose, otro camino de Andorra y los demás missing. Y yo, allí solito, esas nubes me daban miedo.


Todas las señales me indicaban que me diera la vuelta.


Así que me paré y, sobre un tocón tapizado de verde, hice un pis, que era lo que me pedía el cuerpo.


Yo conmigo mismo, subí la Fuente de la Reina de lo más relajado. Hasta el cruce con el Camino de Santiago había subido con el turbo puesto (mi turbo, turbo relativo).


Subí mirando el paisaje, que la humedad de las últimas nieves y nieblas habían puesto el bosque precioso. La media del pulsómetro eran 110 p.p.m. Nadie ha subido nunca tan relajado.


Y es que había quedado con sherpa-Ete arriba. Iba pensando que la etapa se nos iba a quedar corta; así que a ver cómo le convencía para bajar por el Mortirolo y hacer al revés el circuito de la Cueva del Monje.


También había hablado con sh-Chomin, que estaba en la Majada Hambrienta (luego supe que se encontró con Itos, Mark-Itos, que andaba por allí). Quedamos en llamarnos cuando me juntara con Ete.


Arriba se mantenían restos de la nieve caída la semana pasada, la que "disfrutaron" Rocinante y Periko.

Por cierto, sherpas, leed el nombre del autor de las entradas, que me decís que si salí el otro día y que tal, pero el del post era Rinoceronte. Yo no salí, estaba malo de la tripita.


Por cierto, esto parece una confabulación: primero fue Chomin, después yo y el día siguiente el sh-Sherpa, que estuvo echando la primera papilla. Hoy, afortunadamente, todos parecemos recuperados para la causa.


Tan ensimismado iba, tan reconcentrado en mis pensamientos(?), que cuando me pasaron un par de biciclistas y me saludaron, di un respingo del siete: ¡Vaya susto!.


Ni me inmuté, sherpas. En diez segundos me sacaron 100 metros.

Me quedé con sus caras.


En la Fuente había un grupo que no sé de dónde salió. Subieron hacia la Fuenfría, aunque parece que no lo tenían demasiado claro. Un par de recién llegados me informaron de que un sherpa que respondía al nombre de Joaquín subía unos minutos por detrás de ellos. "Será Ete", les dije. Dudé que fuera él cuando me dijeron que el "chaval" que subía tendría unos 35 o 40 años.


En efecto: Era él. ¡Pero de 35 o 40, nada de nada!.

En contra de lo esperado, le convencí fácilmente. Iniciamos la bajada del Mortirolo y quedamos (a pesar de MoviStar) con Chomin que nos veríamos en el circuito de la Cueva del Monje, aunque tendría que tener paciencia, que íbamos a nuestro ritmo. Que estamos bajos de forma, y que ya la cogeremos el 32 o el 33 de febrero próximo, Dios mediante.


Allí estaba él, fiel a su palabra.

"El Dr. Livingstone, supongo".
Imposible hacerle una foto en lo que es el camino propiamente dicho, ya le conocéis.


Demasiado asfalto. Un poquito de bosque húmedo. Por Ceniceros o así, pero desviándonos por ignotas trochas, ora p'arriba, ora p'abajo.

Y el que no quiera, que se compre una flaca como Rinoceronte. Por cierto, ¡vaya individuo! Tiene dos bicis: Una flaca y la otra rota. También tiene una tabla de surf, que corrió con ella el 31 en la San Silvestre, que le ví, que no me lo ha contado nadie.


Con 40 kilómetros hechos, empezamos la parte más divertida de la etapa. Como siempre, sin respiro ni tiempo para sacar la cámara. Y cuando lo hacía, perdía de vista a los dos gañanes.


Ete parecía recuperado de la flojera de la etapa (catarrín, las cenas copiosas, las noches en vela...). El Tío del Mazo intentaba darme alcance y casi lo consigue. Chomin estaba en su salsa. De vez en vez preguntaba "¿Por dónde?".
Por dar conversación, you know.


Discutimos un rato con un caballo enfadado, que nos relinchaba sin razón aparente. Nos conocería de otra vez, digo yo. O instinto animal, que los bichos reconocen el mal; lo huelen. Sea como sea, nos fuimos sin convencerle.


Como en una fábula de Samaniego, fuimos de animal en animal. El siguiente fue este soberbio ejemplar de al menos una tonelada,. Que lo calculó Ete, que para esto de los pesos y medidas tiene mucho ojo. Yo, por mi parte, calculo que las criadillas le pesarían no menos de un kilo por unidad.

Con razón no se levantaba. No podía.


Y con unas cuantas volteretas y cabriolas más, llegamos a nuestras casas los tres sherpas supervivientes (¡¿andestáis los demás?!) en ésta nuestra primera aventura de un (esperamos) glorioso 2011.

Sed buenos y no olvidéis supervitaminaros y mineralizaros.

Ya que habéis leído hasta aquí, apagad el ordeñador, que la luz está muy cara. Encendedlo a media semana, por si pongo algo más. Chao.

2 comentarios:

  1. Muy buenas fotos, como se nota que ibas solo y te pudiste recrear ¿sacaste la reflex o están hechas con el móvil?

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  2. Hola Rambert.
    Están hechas con la Lumix, que ya está cascadilla de tantos golpes , cambios de temperatura y condensaciones que ha soportado.
    La réflex, para cuando tenga un sherpa de verdad que la pueda acarrear ;)

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