Que he estado de etapa esta mañana lo confirma el par de botas mojadas que tengo en la terraza y las pocas fotos que me ha dejado hacer la cámara, porque los recuerdos son confusos, difusos y semifusos.
Creía que iba a coger la forma para Ronda, y lo que he cogido es un resfriado de tomo y lomo. Tanto, que esta mañana pensaba llegar hasta los depósitos del agua, saludar a los sherpas, e irme a la camita de nuevo, que se está muy bien arropado y calentito.
Pero he visto que el grupo estaba animadillo y había una nueva adquisición: Daniel.
Escabeche, Ete, Chomin, Rocinante... incluso Enriquet se animaba. Ahora creo que me vió la cara y penso: "¡Ésta es la mía!".
Al llegar a la Venta San Isidro, creía que veía doble, pero no; eran los kamorka que coincidían con nuestro horario.
Setecientos millones de bikers, cada equipo por su lado, pero resulta que al final hicimos más o menos lo mismo.
No sé cómo, pero llegué a la vez que todos a la puertecilla por debajo de la Puerta de Cossíos. Desde aquí, cada grupo fue por su lado.
Con "cada grupo" quiero decir que también nosotros nos separamos: los más machotes subieron dirección a la Majada Hambrienta por el bonito sendero de la cacera del Cerro del Puerco. Los menos machotes (sh-Lindaflor-Ete, sh-Lindaflor-Enriquet y sh-Lindaflor-Tris) nos arrastramos por la pista hasta casi Prado Redondillo para tomar luego la misma dirección que nuestros compañeros sherpas. Más tarde nos dijeron los del primer grupo que Daniel se dio la vuelta, que todavía le faltaban unos cuantos entrenamientos.
Como se aprecia en la afoto hecha a durísimas penas en la Taquicárdica, mis dos compañeros de fatigas iban siempre por delante de mí. ¡Raja que te raja los muy c***!
Ya en las pistas más empinadas, después de abandonar el asfalto, se me fueron un pelín. Mi mente me repetía "¡Halaporellooooooos, halaporelloooooos...!", pero mi cuerpo lo rechazaba con argumentos de muchísimo más peso. En alguno de los tramos llegué a ver en el cuentakilómetros la increíble cifra de 3'8 kph.
Los de atrás comenzaban a rebasarme inexorablemente. La avanzadilla era Chomin. Ignacio venía más atrás y Rocinante creo que se dio la vuelta (poca fe tenía en nosotros, oiga) buscándonos en Prado Redondillo.
Enrique, vadeando como puede uno de los arroyos salvajes. El deshielo está siendo espectacular y el terreno por allí arriba está jugoso y sabrosón.
En una de las curvas veo que Rinoceronte ya está cerca. Bueno, más que verle, le oí. Inconfundibles berridos los suyos.
En este terreno embarrado me adelanta apretando los dientes. (Y aunque no los hubiera apretado).
En la Fuente del Tío Levita me adelanta sh-Sherpa. Este dato da una idea más que sobrada de mi calamitoso (¡pero circunstancial!) estado de forma.
Y girando hacia la Majada Hambrienta Ete me da la puntilla.Yo había metido el pie en uno de los heladísimos arroyos, y me dolían los oídos un poquito más de lo normal. "Remáteme mi sargento, que no quiero ser un impedimento para la misión".
Allí está Enrique esperando y Chomin dando vueltas buscando qué sé yo; que nos da miedo cada vez que desaparece; que cualquiera sabe con qué nos va a sorprender... Estaba la zona del chozo humedísima, casi inundada. Más que con la bici, podríamos haber circulado con una planeadora de esas que llevan en las pelis en los manglares de Miami, llenos de caimanes asesinos.
Y aquí me paro, oye. Que no tengo más fotos, que se me gastó la batería (sí, la de la cámara también). Rocinante me ha prometido más , y estoy a la espera.
Continuad atentos, que hay más; que Domingo nos propuso una salida de la Majada que no pudimos rechazar.
(Tic, tac... tic, tac... tic, tac...)
Ya. Ya me mandó las fotos Rocinante y continúo con la crónica. Advierto que la sensibilidad del lector puede verse afectada ya que al susodicho le dio por sacarme en casi todas las fotos.
Pues la propuesta de Chomin consistía en ir al chozo Aranguez desde el chozo de la Majada Hambrienta. La verdad es que la distancia es pequeña (en líne recta hay 1 km exacto), pero el camino... ¡no existe!.
Unos poquitos pedales, y luego a patear. Lo que en verano es un hilillo de agua, ahora es un torrente difícil de atravesar.
Al final, creo que todos metimos el pie, porque las piedas en las que nos apoyábamos estaban bastante resbaladizas. El agua estaba entre fresca y muy fresca.
Yo recordaba esta cuesta que a veces utilizamos de salida del Chozo como más ciclable. Claro que siempre la tomamos p'abajo, hacia las Carboneras. Esta parte no estába húmeda, pero sí blandísima, inciclable.
Saliendo de los pinos ya se podía pedalear, aunque las ruedas y el terreno se pegaban como si fueran velcro.
En el chozo pasé unos de los minutos más agradables de toda la etapa. Todo daba vueltas y veía colorines. ¡Y todo ello sin la ayuda de ninguna sustancia extraña!
Fue entonces cuando realicé la acción más sabia de todo el día: quitarme los húmedos y gélidos calcetines que llevé colgando de la camel el resto de la mañana.
En la salida del chozo hacia el Raso del Pino había mucho barro debido al reciente deshielo.
 |
| Ete |
 |
| Enriquet |
 |
| Moi, sin calcetines |
Creímos descubrir una fuente (en realidad un borboteante manantial) que nos mostró Domingo. Íbamos a ponerle nombre, algo así como el "manantial del Sherpa" o la "fuente del Sieso" (este último nombre, muy sugerente), pero lo he encontrado catalogado en el libro de las fuentes. Dice así:
Manantial del Arroyo de las Minas de Tellado. Entre el Raso del Pino y la Majada Aranguez, unos metros por encima del sendero que une ambos lugares y nada más cruzar el arroyo de las Minas de Tellado (a poca distancia de unos corrales abandonados). Al pie de un pino silvestre, en una tolla.
En época de sequía este manantial aporta buena parte del caudal del arroyo mencionado.
 |
| El dedo acusador de Chomin, señalando el manantial |
En la bajada nos volvimos a dividir. Unos por lo fácil (aunque hicimos las "Zetas" y el Esquinazo, que el terreno estaba perfecto) y otros por la Fuente del Montañero, ruta de las más queridas por el sherpa-Chomin y en las que esta vez tuvo una pequeña descabalgada sin consecuencias.
Quedamos en el Excalibur para comentar las jugadas del día y reponer fuerzas. Allí estuvimos con Remi, de los kamorka, y otro compañero de fatigas de Huelva que pasa las vacaciones por estas tierras. Anduvieron más o menos por las mismas zonas que nosotros, que es lo que casi siempre pasa aunque no nos pongamos de acuerdo.
 |
| Miradme. Si la cara es el espejo del alma... |
Para terminar, un regalito que da caché al Sherpa Loco. Una foto de dos ciclistas famosos: Perico, en el mundo entero, y yo, en mi casa.
 |
| Que no está trucada ¿eh?, aunque podría quitarme las canas |
Halaaaaaa.