martes, 3 de noviembre de 2009

Bernardos y su ¿¿escabeche??

El lunes decidí sacar a la flaca a pasear, ya que Sh-Tris nos dejó los dientes largos con su cannon. Habiamos quedado en la LOBA, allí estaba sh-pifo con su flaca, y Sherpas del asfalto, Julian, Toyota y Goyita, tras esperar un rato a Sh-pedro, nos dimos cuenta que no le habian levantado el castigo. Comenzamos a pedalear con rumbo a Sta. María, pero a la altura de Garcillán, desviamos la ruta hacia el pueblo maldito, Bernardos. Estaba previsto el almuerzo en dicho pueblo, pero mi instinto sherpa sabia que, otro dia más, no ibamos a comer escabeche. Una vez allí después de ver mucha linea blanca, mucho viento, algún que otro animal durmiendo en la cuneta, y hacer el abanico. Fuimos a Carbonero, Tabanera la Luenga, Cantimpalos y a casa. en resumen: una experiencia diferente, 82 km, ningún salto, ninguna raiz húmeda con la que besar el suelo, eso si mucho asfalto, y como siempre: chistes verdosos, coches, chicas y un largo etc..........




Hoy a sido el dia de salir a pedalear, y llegar a casa limpio y la bici limpia. Esta flaca es para gente de la alta burguesia.


domingo, 1 de noviembre de 2009

Cannondale Resurrection


Llevaba desde el final del verano intentando poner en uso mi vieja y querida Cannondale, compañera de mil aventuras pre-sherpas. El mayor problema fue volver a poner la horquilla original. Aparte de otros repuestos, también cambié las cubiertas y la puse unos slicks, lo que la convierte en una burra ideal para salidas rápidas y por asfalto (!!!), las únicas posibles en las cortísimas tardes que se avecinan. Llevaba varios años abandonada y por fin sirve como segunda bici. Esta semana, forzado por las circunstancias, por fin la he utilizado y, aunque no es una bici-sherpa, me ha sido bastante útil.

En fin, que resentida la rodilla de la operación por algunas pequeñas burradas (no toda la culpa la tiene la bici), puse casi 8 kilos en cada una de las ruedas y me dispuse a probar nuevas sensaciones, entre ellas, a recordar el tacto de los v-brake.

Quedé con el grupo sherpa y salimos juntitos, como si nos quisiéramos, recogiendo al resto en Parque Robledo. Éramos Domingo, Javier, Periko, Pifo y Richi, el nuevo aspirante a sherpa, y un servidor, sh-Tris.

Sh-Sherpa está con la gripe A. Como ha tenido tiempo, espero que se haya empollado el funcionamiento de su nuevo Two-Nav. Es increíble la cantidad de paratos que le caben en el manillar a la gacheto-bike del sh-Sh. Por su parte, sh-Kalambrines estaba en una de sus habituales sesiones de desintoxicación en un clínica suiza.



Íbamos todos tan contentos por el c.b., cuando después de oír el ya clásico "¡por la derecha!" de sh-Xomin, todo el mundo desapareció de repente. Los que sois sherpas ya sabéis a lo que me refiero.

Seguí por la carretera de Robledo, siempre asfalto, y al subir hacia la Cruz de la Gallega, en la distancia, distinguí tres sherpas, cola del grupo que habían roto en la subida Periko y Domingo. Con la única fuerza de mi pensamiento y la casi-flaca que llevaba, les alcancé en un periquete. El esfuerzo que hay que hacer en un bicho de estos, comparado con el que hay que hacer con las ruedas gordas, no tiene nada que ver.

Subimos juntitos hasta el cruce con la "calzada", donde tomamos un refrigerio y nos volvimos a separar. La temperatura era perfecta y el día otoñal, de libro.

Subí de paseo, sin forzar la rodilla, silbando la de Veraño Azul. En la Pradera de la Fuenfría sólo tuve que esperar un poquito para ver cómo esprintaban los sherpas-descelebraos.

En la fuente se nos unió sherpa-Ete. Aquí se ve el momento preciso de su llegada. Yo no le volví a ver más porque, como el Conejo Blanco de Alicia en el País de las Maravillas "¡¡Llego tarde, llego tarde!!.

La fuente está en las últimas.
Foto de grupo. De izquierda a derecha: Pedro, Pifo, Domingo, yo, Richi, Javier y Joaquín. El ejército de Pancho Villa.
Hala, to-parriba, que yo me bajo por el "Mortirolo" a tomar la carretera de Navacerrada...
La bajada es totalmente distinta: las cubiertas finas e hinchadas a tope, los frenos... sensaciones que no me acaban de gustar, y precaución total.

La subida a Navacerrada (primera vez en mi vida que la hago por asfalto) la hice tranquila y cómoda. Pasadas las 7 revueltas, enlazo con un americano llamado Kaven que sube despacito. Hoy va hasta Madrid, mañana llega a El Tiemblo... Hace guitarras españolas (si no le entendí mal) y es de Maine. Su casa está en pleno parque de Acadia, noreste de los USA, en el extremo de los Apalaches. Aquí posa para la cámara.

También posa la cannon roja, que toma el aire puro después de años en un rincón olvidada. Parece que sonríe, aunque lleve unas zapatillas tan extrañas para ella.

Vuelvo por la carretera. De nuevo la bajada es insegura, no sé manejarme con esas ruedas y esos frenos. Voy pegado al arcén porque hay mucho tráfico y nunca paso de 60 kph. ¡Si bajamos más rápido por medio del bosque!.

En Valsaín quedo con los sherpas para tomar la pócima reconstituyente.

Etapa extraña: aquí llega Pifo enterito, sin ninguna muesca en el cuadro (1 muesca=1 caída). El que se golpeó contra un árbol en un sitio -en principio- sin dificultades, fue sh-X. Se golpeo entre las costillas y el hombro y al final de la etapa estaba bastante dolorido... ¿qué tal lo llevas, Xomin?.

Hasta aquí. la etapa. Desde aquí, el resultado de mis investigaciones: estos días de puente, he trasteado un poco con el interné, y haciendo dos o tres pings y viajando en el tiempo por las wifis he logrado captar unas ondas que, colimadas convenientemente, se plasmaron en una imagen. Una imagen de escasa calidad, pero la suficiente para ver cómo un Abo ¿silenciado? perpetra una de sus más famosas fechorías: el hackeado del PC del sh-Sh.

Ante estas pruebas irrefutables, espero que el Comité de Disciplina imponga las sanciones pertinentes.

De todos modos (y aunque sé que el Abo pertenece a la Liga Antialcohólica), todo quedaría olvidado con unas birritas ¿no?.

lunes, 26 de octubre de 2009

El día que Pifo se hizo caquita

Álbum con todas las fotos de la etapa, haciendo clic aquí.


Como los pitufos o los enanitos de Blancanieves, cada uno de los sherpas tiene su personalidad propia. Hay etapas especiales en las que cada uno de nosotros es necesario e imprescindible: aquí no pasa como en la mítica del genial José Luis Cuerda ("¡Alcalde, todos somos contingentes!. ¡Sólo tú eres necesario!"). Es por eso que ayer echamos de menos a sherpa-Pifo (a. sh-Hostia). La imaginación no me llega para hacerme una idea de lo diferente que habría sido el descenso del castañar con sh-H premiándonos con cabriolas de las suyas. Vale, por esta vez, que pase, pero a la próxima se reunirá el Comité Disciplinario Sherpa.

Que lo sepas.

¡Ah! Y no olvides presentar el justificante médico.

Bien. Como habían cambiado la hora esa noche, el madrugón fue suave y llevadero... para casi todos. El puñetero del sh-Rocinante se quedó discutiendo con su padre acerca de la hora correcta (¿alguien se imagina una discusión de esta índole a las 7 de la mañana?) y llegó 45 minutos tarde, y tan contento. Si no le llamamos, aún sigue en casita, dándole vueltas y haciendo cálculos horarios.

Vale. Sabiamente organizados en dos furgonetas, partimos hacia Casillas vía El Escorial: Roci y Ete en una; Boli, Xomin, Kala, Rique, Ignacio y el que escribe, en la otra. Al pasar la Cruz Verde observo que la conversación decae, al tiempo que la color abandona el rostro de mis acompañantes. Por un momento a todos se nos pasó por la mente la imagen del interior de la furgo rebosante de calentitas y olorosas papillas estomacales rebosando por las ventanillas. Afortunadamente llegó la furgoneta a su destino antes que las potas alcanzaran las gargantas de los lívidos sherpas.

Bueno. Ya aparcados preparamos máquinas y artilugios, para darnos cuenta de que un gepese no tenía cargada la cartografía, de que el otro se apagaba constantemente y un tercero, cómo decirlo... era casi inservible: era el gepese del sh-Sh, que aprenderá a utilizarlo el día que salgamos de la crisis.

Pos-eso, que salimos p'arriba, p'arriba, p'arriba... que nos hemos pasado. Tenemos que volver a bajar buscando la pista que sale del pueblo; pero hasta lo que nos salió mal estuvo bien, porque atravesamos una finca mu-potita, como puede apreciarse en la foto.

Empezamos con un poquito de fresco, pero el día se presentaba inmejorable. En la primera parte de la etapilla superamos unos 300 m de desnivel para adentrarnos en el castañar, por el valle de Iruelas, que ninguno conocíamos y al que a todos sorprendió por su belleza.Impresionante bosque, impresionantes colores y preciosos senderos ¡qué será esto dentro de un mes, en la plenitud del otoño! Estropeando tanta delicadeza, los sherpas posamos ante un castaño.

Paramos un millón de veces, había un montón de cosas que ver. Uno de los reagrupamientos fue en este refugio. Sin saberlo, estábamos cerca del Abuelo (si no me equivoco) un castaño varias veces centenario y de unas dimensiones descomunales. Nos dimos cuenta demasiado tarde.


Momentos de confusión también los hubo, pues la fauna autóctona se mimetizaba de tal manera con los sherpas, que era casi imposible diferenciar unos de otros. Los que llevan mochila, son sherpas.

Siguió, yo creo, la parte más divertida de la etapa. Un descenso rápido y técnico en su justa medida, con los de los sueños sherpas (¡Pifo, keibron, te lo perdiste!). Queda pendiente para otra vez buscar más caminos como éste, que seguro que los hay; y también visitar al susodicho castaño. La verdad es que el castañar se nos quedó corto, aunque el resto de la etapa también tuvo sus cositas.

Una paradita más, parecíamos japoneses con cámaras en lugar de sherpas. La verdad es que llevamos una temporadita, entre lesiones, incomparecencias, disgregaciones y demás, que no hacemos una etapa seria-dura... ¡¡Parecemos Rangers!! (dicho con todo el cariño, ¿eh?).

En estas tierras, aunque no se note tanto como en las nuestras, también azota la sequía. Da verdadera pena ver así este embalse en la garganta de la Yedra.

La parte menos bonita de la etapa fue esta pista que nos sirvió para buscar el camino del Pozo de las Nieves. Había mucho tráfico y la gazuza era tremenda.

En una fuente al borde de la pista, decidimos parar un ratito para dar buena cuenta de un queso con membrillo (gentileza de sh-Xomin), de un fuet (gentileza del sh-Kalambres) y otras viandas variadas. La tortilla que nos tenía preparada el sh-K no llegó porque parece ser que estaba tan rica que se la ventiló en casa en un abrir y cerrar de ojos. Queda pendiente para la próxima.

Siguiendo nuestro camino y antes de encarar el Portacho del Pozo, nos encontramos con unos ciclistas autóctonos, que nos informaron sobre los caminos de la zona. Quedamos en ponernos en contacto. Estos ciclistas estaban pagados por sh-X, pues le dieron la razón en que se podía hacer una locura que éste había planeado ¡sobre el Google-Earth y sin conocer el terreno!. Algo así como pasar la Cabeza de la Parra y tirarnos en picado hacia el río de la Garganta de Iruelas. Enrique, echa un vistazo a la cartografía y dime cómo lo ves, sin conocer el terreno. O que opinen los amigos abulenses: si tenéis tracks de la zona, nos gustaría ciclarla, por supuesto.

Reemprendemos nuestro camino, esta vez a pleno sol y picando hacia arriba. Alguno, desentrenados, empezábamos a rezagarnos. Poco a poco y con la batidora enchufada, enfilamos el camino del Pozo de las Nieves.

Los que, en su ansia de llegar arriba, no miraron hacia atrás, se perdieron un paisaje al que no hace justicia la foto.

Ya en el collado, decidimos mirar hacia el Pozo y no seguir la cuestona que habíamos diseñado sobre el mapa. La hora relativamente avanzada y las fuerzas absolutamente escasas (al menos en mi caso), nos hicieron inclinarnos por lo que fue una opción acertada.

El Pozo de la Nieve, un nevero artificial de los que tantos había antaño. En Segovia capital, incluso, podemos encontrar una calle con ese nombre.

Su interior está restaurado y damos fe de que en el fondo se conserva el frío.

En un tris estuvimos de retirar la escalera. Pero dejar bichos abandonados está muy castigado por el SEPRONA.

Reanudamos el camino hacia el Puerto de Casillas por una laderita roquera, bastante divertida y que picaba ligeramente hacia abajo. Nos cruzamos con varios andarines, algunos ojipláticos. Aquí el sh-Enrique echaba de menos las llanuras Vallisoletanas, tan diferentes a estos pagos.

Una etapilla sherpa que se precie no puede carecer de su reventón. Todavía hay sherpas que reniegan del tubeless, pero en esta ocasión el descanso me vino bien. Nada que objetar.

Pasado el puerto, enviamos a investigar a los sherpas alfa y omega (como los denominó sh-Kala).

Tras deliberación, nos separamos en dos grupillos. Unos bajarían por pista a Casillas (resultó ser una senda divertida) y otros nos tiramos (casi literalmente) por un..., por un..., por un... ¿¿sendero??. "¡Qué sucio está!" dijo alguien. ¡Joder, sucio! ¡Si era puritito bosque inexplorado!.

Se aprecia que digo la verdad ¿no?. El caso es que nos montamos (las fotos, claro, están hechas cuando paramos) y sorteamos multitud de ramas asesinas que amenazaban con saltarnos los ojos (las altas) o engancharse en los radios o los cambios (las bajas). En fin, el paraiso para sh-Pifo (a. sh-H). El suelo no se veía, por lo que, hasta que encontramos un pseudo-sendero, el descenso fue de lo más entretenido, balanceando el peso y manteniendo el equilibrio.

Luego, el sendero se convirtió en una rápida y divertida trialera hasta Casillas, perfecto final para una etapa que habrá que repetir con unos cuantos aderezos y variaciones: más castañar y variante-suicida (bien documentada) del sh-Xomin.

La post-etapa no difirió básicamente de las de toda la vida: cervezas, jamoncito, lomo... en fin, un sacrificio. Nadie podrá tacharnos de vividores. En todo caso, bebedores. Y siempre con moderación.
NOTA: "moderación", en idioma sherpa, significa "a raudales, sin medida, exageradamente".

Trialera: Dícese de la parte del camino donde tus huevos abandonan su lugar para hacerle compañia a la garganta.