¿A que estáis ansiosos?
Pues os esperáis un rato, que he estado viendo a Nole, y para lo que me pagan...
Las fotos de la etapa
aquí. Además, poquito de vídeo de la subida al Salto del Corzo, antes de desatarse las hostilidades.
Conjunción planetaria; rara avis.
No. Negativo. Nasti de plasti. En el día de hoy Kala no se quedó atascado en el trono. Ni Ete tenía comida en Pernambuco. Tampoco Enrique se quedó en Valladolid; mi rodilla no estaba renqueante. Incluso Escabeche, que se iba a quedar en la cama, se sintió llamado por la aventura -tendría que haberse atado al mástil- a pesar de sus achaques, ya casi crónicos.
10 sherpas, 10. De la afamada ganadería sherpita. 10 sherpas como 10 soles. Los 10 magníficos, los 10 samurais, el grupo salvaje... La leyenda ha recorrido hoy los indómitos bosques de la sierra segoviana.
Y, como siempre al final, el descanso y la recompensa del guerrero-sherpa representados en dos simbólicos objetos. Simbólicos y efímeros, pues puedes estar bien seguro -oh lector-, que a estas horas no existe ya ninguno de ellos.

En Parque Robledo estábamos todos casi tan puntuales como novia fea. Faltaba por unirse al grupo Periko.

Pero antes nos encontramos con otro de los grupos de la fauna betetera segoviana: los Kamorka. Muchas bicis, si, ¡¡¡pero ni una sola damisela!!! ¿No habrá, acaso, una bella dama que se quiera unir a nuestro grupo? Lectoras, manifestarsus. Cambio cuñado feo por guapa chica ciclista. Somos limpios y nuestras intenciones son honestas y probas (p'a probar).

Tonterías aparte, hicimos los primeros kilómetros, la verdad, algo desperdigados. Haciendo recuento en una parada, nos dimos cuenta de que faltaba el sherpa-Pifo. Se había despistado y, viendo en la lejana lejanía un grupo, se lanzó a su persecución. Total, que acabó en la carretera persiguiendo a los Kamorka. Segunda vez que se cruzaban con nosotros.

Lo incómodo que se hacía el viento era compensado por los colores que día a día va adquiriendo el bosque. Los sherpas prosaicos dirán que me pongo marikita, pero qué ganas teníamos todos de que cayera algo de agua y que llegara el otoño con sus colores y bla, bla, bla...

En el camino hallamos vestigios de civilizaciones perdidas, razas con conocimientos arcanos que les permitían hacer las cosas como ya no se hacen.

Decidimos, no sin dudas varias, subir hacia la Majada del Tío Blas. Como éramos 10, hubo 10 opiniones diferentes. Unificamos las opiniones todo lo que pudimos, así que el ascenso lo realizamos por tres rutas diferentes, a saber: sh-Sh, sh-Ete y sh-Pifo, por la fuente del Chotete (he dicho Cho-te-te). Sh-Kala y sh-Periko (sherpas-marikitas) por las "zetas" al Salto del Corzo. Los demás, directos por asfalto (?) también al Salto del Corzo.
Mira que la sierra es grande. ¿A que nadie adivina a quién nos encontramos allí?. ¡Premio!: A los Kamorka.

También disgregados en grupillos, la mayoría de ellos se desvió al Chozo Aranguez. En la foto, Juan-Kamorka compartiendo viandas con algunos sherpas. Por cierto, ¡qué apuesto el sherpa que va de rojo!.

Mientras, sh-Enriquet se entretenía dando caza a lazo al primero de los escurridizos boletus que iban a caer prisioneros de los sherpas micólogos.

Travesía hacia La Majada.

En el camino encontramos unas bellas setezuelas. Míralas qué majas. Pero prefiero los boletus ¿no?.

Un tramo un tanto intransitable, pero bonito.

A doscientos metros escasos de la Majada...

...que por fin aparece ante nuestros ojos.

Allí nos reciben Pifo y Ete. Escabeche, a lo suyo, buscando los esquivos animalillos.

Uno bien majete que encontró; de los que me gustan a mí.

Al boletus le ponemos gafas, y son igualitos.

¡Muerde, muerde, verás qué bien te lo pasas esta noche!

Otro ejemplar.

Y otro ejemplar más. Con un boleto.

La captura de Ete tenía el tamaño de una txapela. Descomunal. Como no lo comparta, le va a sentar mal. Pero dado que hoy tenía comida familiar (¡felicidades, Fuencis!), seguro que entre todos han dado buena cuenta del bicho.

Bajada divertida y rápida. Tanto, que no me dio tiempo para enfocar. Domingo, como siempre, se me sale de cuadro.

Pequeña espera, pues en los tramos rápidos nos embalamos.

Sin embargo, en otros nos atascamos. Todavía estamos poco hechos al barro.

Fotito de familia en la Fuente de la Plata, mientras esperamos a Boli y a Domingo, que habían tomado otra ruta, p'a variar. Pedro ya se había bajado antes, que tenía compromisos sociales en el Real Sitio.

¡¡¿Otra vez los Kamorka?!! Eran los que quedaban del grupo inicial. David-gasofa tenía prisa...

El final de la etapa fue atravesando de nuevo los robledos a una velocidad endiablada, pues el viento -que nos había acompañado pertinaz durante toda la atapa- ahora soplaba de espaldas. Estaba peligroso pues las hojas caídas a veces ocultaban piedras, raíces o tocones con los que podíamos tropezar. Algún susto se llevó Pifo, pero las nuevas zapatillas de su fiel Katana triunfadora le salvaron por esta vez de morder el polvo.

Yo hacía fotos y esta vez el grupo sí que me esperó.

Atravesando el Pontón. Espero que esta imagen no se pueda repetir dentro de poco. Ahora que lo pienso: ¡ni un solo cántico en la etapa de hoy! ¡Qué pasa, sherpas! ¿Se van a perder las tradiciones y costumbres atávicas? En compensación, el domingo que viene, deberíamos ensayar una danza de la lluvia.

Lo que viene está más o menos hablado. (Otra cosa es que lo hagamos). Parece ser que hoy Domingo quería subir a visitar a los Tres Abuelos, que hace mucho que no los vemos. Si os parece bien, esa será la ruta del finde próximo, ¿fale?.

El siguiente, sobradamente cumplidas las
20.000 visitas (tengo la tecla
F5 desgastada) y si el tiempo no lo impide, podríamos acercarnos a lomos de nuestras burras de aluminio, carbono, titanio y hoja de lata (consultad vuestras ocupadas agendas) a Sepúlveda a degustar unos
corderitos en
cá Tinin.
¿Hace?